junio 16, 2022 · 3 MIN DE LECTURA

Cafetería de BARRIO

Hay cosas que entiendes hasta que las pierdes.

Cuando abrimos Pirules pensábamos que estábamos abriendo una cafetería.

Con el tiempo entendimos que también estábamos entrando a un barrio.

Y no es exactamente lo mismo.

Porque una cafetería puede tener mesas, una máquina de espresso y buen café.

Pero una cafetería de barrio necesita otra cosa:

que la gente empiece a hacerla suya.


PRIMERO LLEGAN POR CAFÉ.

Después empiezas a reconocerlos.

El que pasa antes de trabajar.

La persona que siempre pide lo mismo.

El vecino que solamente entra a saludar.

El que pregunta qué estamos preparando.

El que llegó una vez por casualidad y, sin que nadie lo decidiera, terminó siendo parte del paisaje.

Eso fue pasando en Pirules.

Poquito a poquito.

Sin estrategia de comunidad.

Sin una presentación en PowerPoint que dijera “vamos a convertirnos en un punto de encuentro del barrio”.

Simplemente pasó.

Porque teníamos una puerta abierta y café detrás de ella.


EL CAFÉ AYUDA.

Obviamente.

Siempre hemos creído que una taza bien preparada importa.

De dónde viene el grano.

Cómo se tostó.

Cómo lo estás preparando.

Si el espresso salió como debía salir.

Todo eso importa muchísimo.

Pero aprendimos algo todavía más importante:

puedes preparar un café increíble y hacer sentir incómoda a una persona.

Y entonces ya la cagaste.

El café terminó siendo nuestro pretexto para algo más sencillo.

Platicar.

Conocer.

Preguntar nombres.

Escuchar historias que probablemente nunca hubiéramos escuchado si no existiera una barra entre nosotros.


PIRULES NOS ENSEÑÓ LO QUE SIGNIFICA TENER VECINOS.

No solamente clientes.

Vecinos.

Y hay una diferencia enorme.

Un cliente compra algo.

Un vecino empieza a formar parte de tu historia.

Con el tiempo algunos conocieron nuestras broncas, nuestros cambios, nuestras ideas medio absurdas y las cosas que estábamos tratando de construir.

Y nosotros conocimos pedacitos de sus vidas.

Nunca estuvo planeado.

Tal vez por eso funcionó.


Durante mucho tiempo quisimos explicar que LACOLADERA era una cafetería de barrio.

Hoy creemos que la explicación era mucho más fácil:

éramos una cafetería porque vendíamos café.

Éramos de barrio porque la gente decidió quedarse.

Y probablemente desde ahí empezó una parte importante de todo esto.

Aunque en ese momento todavía no lo sabíamos.