Cuando abrimos LACOLADERA en enero de 2016, no teníamos un gran plan maestro.
Teníamos ganas, café y la intuición de que en Tlalnepantla —un lugar donde casi no existía comunidad cafetera— hacía falta un espacio así.
No fue fácil.
Nos costó tiempo, errores, días buenos y otros no tanto.
Pero poco a poco pasó algo que siempre voy a agradecer: la gente empezó a llegar, a quedarse, a hacer suyo el espacio. Se formó comunidad. De verdad.
Estuvimos ahí cinco años.
Cinco años en los que aprendimos más de lo que cualquier curso podría enseñar.
Luego llegó la pandemia, y como a muchos, nos puso a prueba. Sobrevivimos. Ajustamos. Aguantamos. Y en medio de todo eso, sin saberlo del todo, empezamos a cambiar.
Durante ese tiempo comenzamos a hacer eventos. A mover el café fuera del local. A ver que LACOLADERA funcionaba también —o incluso mejor— cuando salía a encontrarse con la gente en otros contextos.
En 2021, todavía en pandemia, abrimos LACONCHADERA, nuestra panadería. No como un plan B, sino como una extensión natural del proyecto. Y ahí sigue, viva, horneando todos los días.
Ese mismo año dimos un paso que terminó marcándolo todo: abrimos nuestra primera Coladerita en PEMEX San Juan.
Fue una idea muy coladera: creativa, distinta, sin muchos referentes.
Pero funcionó. Y no solo en lo emocional, también en lo operativo y en lo económico.
Ahí entendimos algo importante:
LACOLADERA no tenía que ser solo una cafetería tradicional.
Podía ser un modelo mucho más flexible, más vivo, más acorde a la realidad.
Con el tiempo, el espacio físico que nos vio nacer empezó a pedirnos cosas que ya no estaban alineadas con el rumbo que el proyecto estaba tomando. No fue una decisión impulsiva ni sencilla, pero entendimos que insistir en una sola forma podía limitarnos. Y cuando algo deja de sumar, hay que saber soltar.
Poco después llegó una oportunidad con EBC. Ya conocían la marca, confiaban en lo que hacíamos y querían que estuviéramos ahí. Abrimos la segunda Coladerita.
Luego vino otra.
Y luego otra más.
Hoy LACOLADERA está en cuatro puntos, además de la panadería, y el proyecto de eventos creció como nunca imaginamos. Hemos tenido la fortuna de trabajar con marcas como Amazon, American Eagle y muchas más, llevando café bien hecho a contextos muy distintos.
Al mismo tiempo, crecimos en lo que para nosotros es clave: el conocimiento.
Hemos visitado fincas, conectado con productores y entendido mucho mejor el origen del café que servimos. Eso hoy se nota en cada barra.
En PEMEX, por ejemplo, LACOLADERA se ha convertido en un pequeño faro de café de especialidad. No solo servimos bebidas: explicamos, compartimos, generamos cultura. Y eso pasa gracias al equipo.
Los coladeritos son el corazón del proyecto.
Ellos son quienes sostienen la experiencia, quienes hablan de café, quienes ponen la buena onda incluso en días largos. Sin ellos, nada de esto tendría sentido.
Hoy LACOLADERA no representa solo un negocio.
Representa una forma de vida.
Una pasión que comparto con mi esposa, con mi hija y con todas las personas que han crecido junto al proyecto.
Seguimos buscando abrir espacios donde el café sea bueno, honesto y cercano.
Con flow.
Con merch que sí usarías.
Con ganas de que todo esto siga siendo divertido y real.
No dejamos de ser una cafetería.
Y si algo hemos aprendido en estos años es esto:
lo mejor de LACOLADERA nunca ha sido un lugar, sino su capacidad de moverse.
Lo que viene trae más ideas, más proyectos y más café bien hecho.
Y como siempre, ahí estaremos:
donde haga falta.
